Mujeres en Milpa Alta se manifestaron este 8 de marzo en el marco del Día Internacional de la Mujer. Fotografía: Diana H. Gómez
Mujeres en Milpa Alta se manifestaron este 8 de marzo en el marco del Día Internacional de la Mujer. Fotografía: Diana H. Gómez

Existir fuera del centro: mujeres de Milpa Alta marchan por la defensa del cuerpo-territorio

Melesia no se murió,
Melesia no se murió
Melesia se hizo millones,
se hizo semilla,
Melesia soy yo.
-Consigna de este 8M en Milpa Alta

Habitar la Ciudad de México siendo mujer es una experiencia diversa, aunque dentro de esa diversidad, la violencia es una constante reflejada en casos feminicidio y acoso sexual, entre muchas otras agresiones a nuestras cuerpas. Las experiencias de violencia se repiten en las distintas geografías de esta urbe; este 8 de marzo de 2026, en Milpa Alta, niñas, adultas, jóvenes, madres, abuelas, amigas, hermanas se manifestaron para dar testimonio de ello y exigir justicia. Algunas de estas mujeres de la montaña también reclamaron sus territorios ante el proyecto de despojo del cablebús.

La manifestación partió del monumento a Luz Jiménez, escritora y traductora náhuatl cuya figura no pasa desapercibida por los contingentes. El que encabeza la manifestación es el de familiares de víctimas de feminicidio; víctimas indirectas, entre quienes se encuentran adolescentes, niñas y niños. Muchos de ellos no dejaron de gritar consignas durante el recorrido mientras avanzaban con sonrisas y brillos en el rostro, entre la transparencia de burbujas y el morado intenso de paliacates, carteles, coronas, alas.

Este acompañamiento entre generaciones habla de cada vez más crianzas tejidas entre redes de mujeres donde la escucha, la contención y la búsqueda de justicia en colectivo forman parte del sostén común. Un soporte así es necesario, sobre todo, cuando se multiplican casos como el los de Fátima, Melesia y Valeria, cuyas demandas de justicia ante el sistema de justicia han sido ignoradas por el Estado mexicano.

Fátima tenía tres años cuando fue víctima de secuestro, violencia sexual y feminicidio por parte de su tío político Rodrigo en 2021. Hasta el momento, aunque existe una carpeta de investigación por los hechos, él se encuentra libre, mientras las autoridades de la alcaldía privaron injustamente de su libertad al tío paterno de la niña, aunque su hermana y la propia madre de Fátima han defendido su inocencia jurídicamente.

La madre y la tía de Fátima buscan justicia desde hace casi cinco años. Fotografía: Diana H. Gómez
La madre y la tía de Fátima buscan justicia desde hace casi cinco años. Fotografía: Diana H. Gómez

“Fátima adoraba a Rodrigo, lo quería muchísimo; por eso cuando Rodrigo la cargó en sus brazos Fátima no dijo nada”, narraron su madre y su tía, quienes caminaron con el contingente que encabezó la manifestación. De acuerdo con la madre de Fátima, el sistema judicial sólo las ha revictimizado a ella y a su familia haciéndole recapitular constantemente los hechos en audiencias que no han agilizado el caso.

Melesia, por otra parte, fue asesinada por dos hombres que ingresaron a su hogar y la agredieron sexualmente en marzo de 2021. Era una mujer de 72 años. Las violencias también atraviesan transversalmente a las generaciones, aunque a veces no se observe; y menos por pertenecer al sur: un territorio que, para la centralidad de la CDMX, parece invisible fuera de las funciones de alimentación y “servicios ambientales” que agotan el cuerpo de las montañas.

Campesinas y defensoras se manifiestan contra el cablebús

Los contingentes hicieron una primera parada en la Estatua de Emiliano Zapata, a poco más de dos kilómetros de “la Luz Jiménez”. Aquí, desde donde se avista el volcán Tehutli, se alzó la voz contra el proyecto de despojo de la línea 6 del cablebús. Este proyecto ―recordaron mujeres comuneras en el megáfono― es una imposición que viola la autonomía de los nueve pueblos que conforman a Milpa Alta.

Malacachtepec Momoxco, Miacatlán, Ohtenco, Oztotepec, Tecoxpa, Tepenáhuac, Tlacotenco, Tlacoyucan y Xicomulco. Cada uno de ellos fue nombrado. Como mujeres de las montañas, además de ser estudiantes, profesionistas y cuidadoras, sus habitantes se encargan de la siembra y el comercio, pero también a la defensa del territorio y de las otras vidas con las que lo construyen.

Estas vidas, precisamente, están en riesgo con la construcción del cablebús impulsada por el gobierno de la Ciudad de México. Y aunque César Cravioto Romero ―secretario de Gobierno en la administración de Clara Brugada― prometió una respuesta pronta a la comunidad de Milpa Alta al respecto en enero de este año, hasta ahora, el diálogo no ha continuado por el silencio de la administración morenista.

Pese a ello, la organización continúa. Así lo demostró la presencia de abuelas, comuneras jóvenes, campesinas que constantemente ocupan espacios colectivos para denunciar proyectos de imposición y difundir y entretejer procesos de lucha. Uno de ellos es el tianguis, donde hay comunicación constante con mujeres xochimilcas y de otros estados que residen en la ciudad.

En Milpa Alta hay varias colectividades de mujeres organizadas que, además de manifestarse en las calles, constantemente tejen redes de trabajo para realizar otras actividades de defensa del territorio. Fotografía: Diana H. Gómez
En Milpa Alta hay varias colectividades de mujeres organizadas que, además de manifestarse en las calles, constantemente tejen redes de trabajo para realizar otras actividades de defensa del territorio. Fotografía: Diana H. Gómez

En una de las actividades nacidas de este espacio de organización (un foro realizado el día anterior a este 8M) mujeres campesinas de uno de los pueblos originarios de Milpa Alta conversaron sobre su proceso de resistencia con comunidades de Oaxaca y defensores de La Magdalena Contreras. Las denuncias de estos territorios y de otras partes de la Ciudad de México tienen raíces similares relacionadas con los procesos de urbanización, los cuales están íntimamente ligados con la movilidad, los asentamientos y las vías de transporte.

El caso de Tláhuac (hablando de otro territorio al sur de la CDMX) es un ejemplo de ello. Aquí, actores como la cooperativa Iztapapálotl han denunciado desde hace años que la llegada de la Línea 12 del Metro trajo consigo la llegada de proyectos comerciales y de vivienda que han encarecido la vida y facilitado el aumento de feminicidios, agresiones sexuales y otros tipos de violencias cometidas contra mujeres en razón de su género. Lo anterior, aunado al despojo de tierras ejidales, ha derivado en desplazamientos que aún continúan.

La situación se repite en diversos territorios del sur que, como Milpa Alta, actualmente resisten a procesos que ponen en riesgo las vidas de las mujeres y de la tierra.

Notas finales: nuestro ser en el sur

Las manifestaciones de violencia arriba enlistadas no son una aseveración que se haga a la ligera. Yo misma habito este sur que me adoptó hace más de 20 años y, desde antes de que iniciara el 2026, hay una sensación de crisis social y de un aumento alarmante de violencia según la percepción de mis amistades, la mía propia y la de gran sector de la población reflejada en las abundantes conversaciones vecinales en Facebook y otras redes sobre estos temas. Sólo en los últimos tres meses, ha habido dos casos de feminicidio que se han mediatizado en lo local, y por lo menos dos hombres han muerto en enfrentamientos armados durante riñas personales, signos de una fuerte interiorización de violencias patriarcales y machistas.

Al mismo tiempo, el gobierno de La Magdalena Contreras (mi hogar tras el desplazamiento interno de mi familia) pretende ejecutar dos proyectos que atentan contra la tierra y todas las vidas de quienes la habitamos: la línea 5 del cablebús y un corredor ecoturístico de cara a la Copa Mundial de Futbol 2026.

La descomposición social es también la descomposición del río y de la montaña. Y tanto en Contreras como en Milpa Alta, ambos cuerpos (la masa humana y el verdor intenso de las vidas) están resistiendo a las violencias actuales de la urbe con ternuras y con fuego.

Estas experiencias muestran que el sur no es algo que pueda separarse en las alcaldías trazadas por los gobiernos. Aquí, el despojo territorial va de la mano de violencias tangibles que erosionan nuestras cuerpas. Sin embargo, resistimos y construimos; sembramos en colectivo y entre cordilleras. Somos nuestro propio territorio defendiéndose a sí mismo de la tiranía de la corrupción de los Estados, y la declaración de resistencia de este 8 de marzo es, siempre, nuestra palabra final ante su despojo patriarcal.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *