El año apenas lleva seis meses y las rutas migratorias del mundo ya cuentan más de 1 mil 723 muertos o desaparecidos. No es una cifra final. Es un mínimo documentado.
El más reciente informe del Proyecto Migrantes Desaparecidos de la OIM confirma que cerca de 7 mil 900 personas murieron en 2025 intentando desplazarse. Desde 2014, más de 80 mil han desaparecido o perdido la vida en estas rutas.
La OIM advierte que el balance real podría ser considerablemente más alto, ya que el limitado acceso a información sobre búsquedas y rescates en el mar impide verificar el destino de al menos 1 mil 500 desaparecidos adicionales.
El fenómeno tiene nombre: «naufragios invisibles». Embarcaciones que desaparecen en alta mar sin dejar rastro, especialmente durante episodios de mal tiempo.
Esta falta de transparencia impide tanto a periodistas como a organizaciones humanitarias confirmar el destino de quienes desaparecen, a pesar de que la Unión Europea ha aumentado la vigilancia con el objetivo de combatir la migración irregular.
Las rutas más mortíferas
Las travesías marítimas se mantuvieron como las más mortíferas en 2025. Al menos 2 mil 108 personas murieron o desaparecieron en el mar Mediterráneo.
En el trayecto que conecta África occidental con el océano Atlántico rumbo a las islas Canarias, se registraron 1 mil 47 muertes o desapariciones.
En las Américas, el panorama no es distinto. Desde 2014 hasta septiembre de 2025, el Proyecto Migrantes Desaparecidos registró cerca de 11 mil 200 migrantes desaparecidos en la región.
No es accidente, es política
Organizaciones binacionales han insistido en que sin vías legales y seguras, la migración irregular no disminuye, solo se vuelve más mortal. La política actual empuja a las personas a rutas de alto riesgo.
Menos migrantes en tránsito no significa menos desesperación. Significa más contención, más miedo, más bloqueo. Y menos registros no implican menos muertes, sino menos responsabilidad.

